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Conchi San Martin i Barbara Biglia (2007) Teixir col · lectivament com a pràctica subversiva enfront dels estados de wonderbra. Revista de Ca la Dona 58, setembre 2007. P. 18-19
Reflexiones en torno a las otras violencias de género
Margot Pujal i LLombart
Departamento de Psicologia Social. Universitat Autónoma de Barcelona.
margot.pujal@uab.es
Agradecer
la invitación de Barbara y Conchi, pués me hizo especialmente ilusión ya que
era un libro en el que iba a participar escribiendo, y al final no pudo ser por
falta de tiempo, y felicitarlas también porque creo que es un proyecto muy
necesario y muy comprometido dada la forma como se está tratando
mayoritariamente la cuestión de las violencias de género.
Se
trata de un libro con 20 capítulos (más o menos largos) estructurados en 5
bloques, y por tanto recoge una variabilidad de aspectos y realidades de
desigualdad social y violencias de género muy amplia, donde se cruzan
distintos ejes de dominación, género, clase social, etnia, etc. Os podéis
imaginar que podría hacerse una charla por cada uno de los distintos capítulos
ya que cada situación de desigualdad tiene sus entresijos y posibles debates y
tensiones. Sin embargo, creo que hay una inquietud
transversal a todos ellos: la cuestión de la transformación social.
Ante
la amplitud y apertura del libro, yo plantearé básicamente dos
reflexiones que me han surgido al hilo de mi lectura particular, que
creo que dan cuenta del proyecto y la
globalidad de la obra, y evidencian también que es un libro que
moviliza la reflexión y el debate... No mencionaré ni los títulos ni
autoras.., se me iría el tiempo en ello son más de 20 títulos y autor@s….
En su lugar invito a que los descubran directamente.
1- La primera reflexión la he titulado: MUTIPLICACION DE LAS OTREDADES…
Creo
que una de las aportaciones del libro es que
VISIBILIZA A “LAS” OTRAS..OTRAS.. OTRAS, otras
mujeres…..que sufren violencia de género, y que están entre nosotras, en el estado español, las mujeres-
minoría y las mujeres de
minorías, las que no tienen voz en general,, pero tampoco tienen voz la mayoría de veces en los feminismos, es decir,
las mujeres que TAMBIÉN padecen y
gestionan de alguna manera violencias de género, pero que no tenemos demasiado
presente, como diría Spivak, las MUJERES
SUB-ALTERNAS…
Igual
que alzaron la voz en cierto momento las mujeres negras o las latinoaméricanas,
e incluso las musulmanas…. y surgieron el feminismo
negro, el feminismo post-colonial,
etc. frente al llamado feminismo euro-céntrico,
en éste libro se visibilizan situaciones
habituales y heterogéneas de
violencias de género que viven, POR EJEMPLO: las mujeres “sin
glamour” de clase social baja, mujeres “malas”
que estan en la carcel, acusadas de haber cometido delito, mujeres “solas y diferentes” que
son inmigrantes o refugiadas, y otras mujeres también “diferentes”,
pertenecientes a minorías étnicas de nuestro entorno como las mujeres gitanas…mujeres “descontroladas”
usuarias de drogas ilegales, mujeres “histéricas” y “locas”
diagnosticadas de desajustes emocionales, mujeres “amorales
y de mala vida” con embarazos
precoces, y sexualidades promiscuas,
las patronatas, según las nombraba el régimen franquista para encerrarlas en
el Manicomio de Cienpozuelos. De todas ellas en este libro se recoge su voz y
testimonio y se reflexiona sobre sus situaciones y resistencias. Mujeres, todas
ellas, que subvierten de alguna manera y
en distintos grados los mitos prescriptivos y las metanarrativas sobre la
feminidad normativa que se asocia a (fragilidad, maternalidad, dependencia,
bondad, prudencia, asexualidad, etc.). Así, el maltrato se duplica, es material
y simbólico.
Pero
también VISIBILIZA a los
Otros, no solo a las otras,, los que se han invisibilizado como hombres susceptibles de ejercer algún tipo de
maltrato, hombres que abusan a pesar de tener
un discurso ideológico contra la violencia de género, a pesar de dedicar
su vida al activismo político de izquierdas, en contra de las injusticias u
hombres que son figuras emblemáticas de
la izquierda, como fue el caso de Althusser, que estranguló a su compañera,
cuando ella se había decidido a dejarlo, al que se absolvió diciendo que había
sido una “reacción confuso-onírica”.
Pero
más allá de la sentencia judicial, me
parece muy significativo el hecho que al funeral de su compañera, también
comunista aunque crítica, no acudiera casi nadie del colectivo comunista,
mientras que al de Althusser, unos años más tarde, acudió todo el mundo: “la
víctima es transformada en culpable por ser mujer una con criterio propio”.
Las
preguntas que surgen en mí en relación a esta cuestión son tres:
1) ¿cómo se puede entender ésta separación
entre la práctica y la ideología políticas?; 2) ¿cómo podemos explicar
las resistencias frecuentes de los/as
propias compañeros y compañeras a identificar
violencias de género en contextos intelectuales y activistas de izquierdas?
Y 3) ¿Qué implicaciones tiene para la comprensión
de lo político?. Preguntas que dejo abiertas al hilo de la lectura de la
obra para que retomeis con el libro.
Visibilizar
estos otros, rompe con el estereotipo de hombre que maltrata construido como conservador, o de clase baja, o que consume algún tipo de droga,
etc.
Hay
más categorías de otredad …… que se quedan fuera obviamente incluso
de este libro, es inevitable, pero el libro se acerca a un
feminismo de la multidiferencia, como le llama Judith Butler que potencia las
alianzas de mujeres en situaciones muy diversas…y se distancia de
una construcción dogmática y
elitista del feminismo…y una mirada
unidimensional que construye a unas como más feministas que a las otras…,
otorgándoles más autoridad.
Esta
es la multiplicación de otredades que han acontecido durante mi lectura,
y que espero habrá ocasión de discutir en relación a vuestras lecturas. Pero
en cualquier caso el horizonte de las violencias de género en el libro se
amplia considerablemente.
2- La segunda reflexión al hilo de la lectura la he titulado LA PRODUCCIÓN
DE UNA MIRADA CIEGA A LAS VG, que se refiere
al hecho de visibilizar para invisibilizar
Según mi lectura, la otra aportación fundamental del libro es que PROBLEMATIZA LA MIRADA REDUCCIONISTA A LAS V.de G. que se está imponiendo socialmente, tratándo el problema como un asunto básicamente individual e interpersonal y bastante alejado de las relaciones de desigualdad social estructurales, simbólicas y conformadas históricamente que han cristalizado en nuestro cuerpos y nuestras almas, en forma de deseos e identidades de género, ya sea por presencia (identidades de género que nos esforzamos en afirmar) o por ausencia (identidades de género que nos esforzamos en negar).
En
este sentido, a lo largo del libro se muestra cómo se nos está acostumbrando,
subjetivando, (a través de los medios de comunicación, tv, discursos y
sentencias judiciales, y discursos científicos, sobretodo desde las
“disciplinas PSICO” y Médicas, etc.) a MIRAR
la violencia de género para NO verla,
de una manera burda, buscando cabezas de turco que centralizen la atención
(OCULTAR el problema, MOSTRANDOLO, como dice textualmente en el libro).
Se
construye una mirada ciega a las
violencias de género que es complaciente
y reproductora del orden social heteropatriarcal y capitalista, por varias razones:
a)
porque le quita complejidad
–es ESTO Y NO AQUELLO- y
b)
le quita impacto subjetivo
–SE CORRESPONDE CON PERFILES PSICOLÓGICOS PATOLÓGICOS de H y M, O QUE TIENEN
CIERTA PREDISPOSICIÓN- en este
sentido se hace una crítica a ciertas psicologías, sobretodo las cientifistas
y de la personalidad que separan las cuestiones sociales y de poder de las
cuestiones psicológicas e individuales.
El
producto de todo esto, es que el problema se coloca en
un espacio EXTRA-ordinario y se le da formas concretas reconocibles, que invisibilizan 3 dimensiones del problema:
1Dim)
Su Cotidianidad: que significa que las VG atraviesan toda nuestra vida cotidiana a
distintos niveles y grados, porque donde esté presente la desigualdad social,
surge necesarimente la VG, ya que es inherente a ésta
2Dim)
Su Normalización: que significa que las VG son invisibilizadas al ser percibidas y
construidas como un comportamiento natural
que se explica por el imaginario de “la diferencia sexual y de la
complementariedad entre los sexos” (como se ejemplifica en el cap. 20 mediante las cuestiones de género y poder médico, y se
plantea en el cap. 6, cuando se habla
de la continuidad histórica de una
representación androcéntrica de la mujer a través de los Mass Media).
3Dim)
Su Universalidad: que significa que no existe ningún patrón ni perfil psicológico
individual de mujer maltratada ni de hombre maltratador, pero si existen
identidades y subjetividades sociales muy estrechamente imbricadas con un poder
que produce socialmente a los sujetos, como hombre y como mujer, aunque no los
determine (el cap 9 entra en este debate cuando hace una crítica a la
masculinidad).
El
resultado de estos procesos es el REDUCCIONISMO del problema: sus múltiples
formas y su heterogeneidad quedan
reducidas a un SIMULACRO, cuyo
principal efecto es debilitar la crítica
de género.
Mirar de otra manera (NO REDUCCIONISTA) es difícil, dado el bombardeo por todos lados de ésta miarada, pero es imprescindible para poder VER E INTERVENIR.Y para poder hacerlo hay que entender que la imagen de la violencia de género mayoritaria se construye de forma imbricada con los valores y normas sociales dominantes, de nuestra sociedad capitalista, heteropatriarcal y de consumo. Y entender que es imprescindible descifrar estas normas y valores en cada uno de los contextos y su imbricación con el género. En este sentido, el cap. 1. plantea la necesidad de re-significar las violencias.
A
raíz de esto, me surge la pregunta que tiene que ver con nuestra subjetividad,
de: ¿por qué tanta resistencia a
mirar de otra manera y ver las violencias de género, en sus distintos
grados y formas a través de nuestra cotidianeidad? Aparte del bombardeo al
que he aludido, creo que también tiene que ver con un deseo que ha cristalizado en nosotr@s de una sociedad justa, pero
que responde a una ideología del poder que
lo sitúa fuera de nosotr@s mism@s, fuera de nuestro cuerpo y de nuestra alma
como ciudadan@s de una determinada historia, sociedad y época. Una ideología
que sitúa al poder en un ámbito externo y superior. Porque nos
asusta pensar que tod@s estamos
inmers@s en ésa vorágine de las violencias de género y preferimos
expulsar el problema fuera de nosotros, en el Hombre, el Estado, la Estructura, la Sociedad o las otr@s..., como
si nosotr@s no fueramos todas esas cosas también.
Sin
embargo, lo único posible según
plantean Foucault y Butler (que creo que es la perspectiva también del libro),
es que no podemos situarnos fuera, es
radicalmente imposible nuestra
exterioridad en relación al poder. Nuestra condición de seres sociales, construidos socialmente,
interdependientes los unos de los otros y por tanto vulnerables….., nos
interpela a tod@s en esta cuestión, incluso,
sinó más…., a l@s que se sienten más liberad@s del problema (como se
reflexiona en el cap 8).
Por
tanto, reconocernos tod@s nosotr@s dentro de esos procesos de sujeción a
las relaciones de género, es una condición necesaria que no tiene porque asustarnos, puesto que es lo esperable, como sujetos
sociales que somos, y que nos permitirá
poder afrontar la complejidad y heterogeneidad del problema (como muestra el cap
10 en el que se dialoga con una persona en relación a su experiencia de
travestismo y en el que surgen muchas tensiones de posición política dentro
del propio sujeto).
Por
eso, creo que hemos de pensar que la transformación
de las relaciones de género producidas según las
fuerzas y los deseos de una sociedad capitalista y heteropatriarcal, en la
práctica, necesita, de actuaciones paradójicas
y resistencias situadas que se ubiquen en el
la tensión estructura-agencia, y no en ninguno de los polos.
Algunas
de estas resistencias paradójicas
pueden ser precarias pero tienen
igualmente un fuerte potencial. Por ejemplo, los
problemas de salud en las mujeres (transtornos alimentarios, dolor, etc.),
serían también una forma de resistencia precaria a la que hay que darle la
vuelta, rescatándolos del discurso bio-médico, y dándoles un sentido
social de conflicto de género porque donde “no
hay palabras para decirlo, puede haber un cuerpo que lo insinua” y tenemos
que ser capaces de traducirlo en palabras, a través del trabajo
reflexivo en grupos (imprescindible como se plantea en el cap.
17) porque permite 3 movimientos de la subjetividad básicos, como sujetos
inmersos en aquello que criticamos:
a)
el surgimiento de las defensas
subjetivas producidas al conflictuar el “habitus” social,
b)
su elaboración posterior, y
c)
desplazamiento/transformación de la subjetividad de género a través
de la creación de otros deseos diferentes como mujer y como hombre.
También
la propuesta de modelo integral de acción y reflexión de Tamaia
en el libro, en el cap.
18, insiste en este planteamiento de des-sujetarse de las identidades
sociales de género, que nos sujetan y posibilitan a la vez.
Por
tanto, creo que no hay que ver los problemas
de salud en las mujeres únicamente como muestras de nuestra condición de víctima que también. Creo que el cuerpo “ve” violencias de género que son invisibles a
la mente y al lenguaje, y eso hemos de considerarlo resistencias también,
resistencias encarnadas. Como dice J.Butler, Hay que salir de la victimización, y centrarnos en aquello que nos
da libertad y poder, cuestionando lo que significa ser mujer y ser hombre.
Otra forma
de salir de la victimización…, que veo en el libro, es repensar críticamente las políticas sociales y públicas aplicadas a
las violencias de género, como hace el cap
2. como por ejemplo la “Ley
Integral contra la violencia de género”, del año 2005” la cual por
ejemplo confunde violencia doméstica,
violencia contra las mujeres y violencia de género, lo que tiene como
efecto que muchas situaciones de violencia de género quedan excluidas en su
campo de visión (ejemplos: mujer anciana
con pensión no contributiva que ha trabajado toda la vida sin que se le
reconozca, mujeres jóvenes que tienen problemas para encontrar trabajo por no
ajustarse al prototipo de físico femenino mediático, mujeres inmigrantes que
son objeto de mafias de prostitución para sobrevivir, o transexuales que se
prostituyen para pagarse su tratamiento…) todas estas situaciones
son excluidas de la ley…
Se
plantea literalmente que muchas políticas públicas son generizadas no porque
sean ciegas a la cuestión de género sinó porque reproducen
y reifican las posiciones normativas en el orden heteropatriarcal. Todo esto
nos muestra, como se señala en el cap.4,
que la construcción de la diferencia
sexual generizada es un mecanismo de
control sobre cuerpos, vidas y poblaciones, que da lugar necesariamente a relaciones abusivas.
La V.G es inseparable del G. como
violencia, cita textual que sintetiza esta idea.
Otro ejemplo es el cap. 4 sobre
las políticas de población que tratan a la mujer como objeto de procreación,
desestimándola como sujeto con capacidad de decisión y autonomía.
Se
propone en este asunto, lo que se denomina Prácticas
de queerización de las políticas publicas, en el sentido de trasladarlas
al espacio de la vida cotidiana para que supongan una re-apropiación y una re-invención
de la praxis democrática, dando un papel primordial a los movimientos sociales y el conflicto entendidos en un sentido muy
amplio, como red de redes, sin sujetos
privilegiados sino más bien plurales, y con límites fluidos según el
contexto. Prácticas que se mueven
en la paradoja de llevar a cabo políticas
afirmativas como mujeres por ejemplo, al mismo tiempo que desarticulan
los significantes fijados por éstas.
Estas
dos reflexiones (Multiplicación de las otredades y Produción de una
mirada ciega a las V. d G.) son las que
me han surgido a mi al hilo de la
lectura, por lo que invito a que lo leaís, para que sea debatido en distintos
foros, porque de lo que no hay lugar a
dudas es que es un libro que promueve
y moviliza la reflexión y el debate, aunque seguro que el contenido de las
reflexiones puede ser muy diverso.